Tierras Desoladas
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Entre Acto.

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Uno, dos, tres: el viento silbando al ser cortado antes del amanecer, el semielfo practicaba como poseído con un arma algo más grande que él un hacha que no se le daba muy bien. Luchar con dos armas siempre le había resultado fácil pero un arma doble era diferente, distintas reglas y distintas posibilidades, mejor alcance y daños más atroces se podían cometer con increíble soltura.

Sin embargo lo que antes eran dos a hora son uno y por ende solo podía hendir un golpe aquí, otro allá, aprender a defenderse con el mástil de acero y cuando golpear con la izquierda o la derecha. Ya nunca de nuevo con las dos. Las cosas cambian, se adaptan, forman algo nuevo y más poderoso en bruto, solo hace falta el pulirlo con la práctica.

Pero todo eso atañe poco al curtido mestizo, más que practicar para mejorar lo hacía para olvidar, para que el calor de su cuerpo lo ayudara a olvidar lo frio que tenía el alma desde ese día, conversar con esa pelirroja le trajo recuerdos no muy amenos, la sonrisa cálida de promesas del pasado remplazadas por una cínica sonrisa del que le había “perdonado” Aquel con el cual debía una deuda saldar.

Se convergían en su pecho la ira, el arrepentimiento, ¿Quizás el miedo? Una miríada de emociones que le hacía sentir un gélido frio en su pecho, Su cuerpo ardía por el esfuerzo físico pero aun tenia frio como si sus fantasmas ataran cadenas a el para nunca hacerle olvidar el por qué estaba aquí y cuál era su meta. Su destino y puede que poco mas allá después de que la sangre sea derramada… Quizás… Quizás no.

Siguió practicando hasta que su coordinación le fallaba, su pulso se aceleraba y sus brazos empezaron a entumecerse, Se limpio el sudor de su cuerpo Templado de músculos con una toalla y miro a la luna a través de la ventana del lugar donde entrenaba.

La única testigo muda de toda cuanta desgracia le había acontecido y esperaba estuviera con el día que devolviera la Afrenta. Recordó entonces a la pelirroja y su charla en el templo, Aun sentía dudas ¿Tan débil era que necesitaba consuelo?, ¿Buscaba algo mas con esa pelirroja que por su encanto?, ¿Saber tanto el nombre de su ansiada presa le había hecho inestable?, siguió contemplando la luna, nada había funcionado para responder esas dudas, para apaciguar el frio de su alma.

-Necesito un trago.- Se dijo para sí mismo, se atavió de armadura y tabardo para ir al ganso de oro, hoy no quería nada más que ahogar todo en alcohol.

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