Tierras Desoladas
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Jack IV.

¿Cuántas veces abre visto esos ojos, cuantas veces podría sentir este calor abrazador?

No solo me aterraban, me despreciaban, sentía que ya me habían mordido y se deleitaban con mi sufrimiento, en esa insipiente oscuridad absoluta no podía quitarme de la cabeza que aquellos ojos rojos que me miraba tendrían debajo una boca sonriente aunque no avistase nada.

Pase mis días en Tral bebiendo mis Ahorros (o más bien lo que le debo a Garrot) para tratar de paliar mi terrible estado tanto físico como mental, lo bueno es que ayudaba en algo, lo malo es que me hacia dormir.

Presa del terror que podría acontecer era un método de envenenamiento lento e insidioso, pero poco más podía hacer que morir bebiendo cerveza… Solo me aterraba el hecho de volver a verlos y seria aterrador no poder despertar jamás…

En ese momento, cuando me disponía a tomar más para tratar de paliar mi angustia, el sonido de una palmada en mi hombro con su sensación de peso, dos caras fruncidas y preocupadas me esperaban a la vuelta, Conrad y Cilvira:

No estaba de mucho humor para ser molestado, pero cualquier paliativo contra la soledad era de agradecer, los mire, ellos a mí, sentí cierto resquemor de que ambos estuvieran juntos, no por celos, si no por el pensamiento cínico de que se tendrían uno al otro incluso si cayeran en lo mismo que yo. Y para que mentir sobre la ya mencionada envidia que la siento en todos lados.

El par estaba preocupado, me preguntaban, me aconsejaban, se enteraron por las malas de la muerte del mago. Me hacían la respuesta del millón ¿Qué me había pasado? Me gustaría saberlo a mí también.

Me recomendaron mil y un opciones de que podría hacer toda cual haya probado, ninguna serviría, sabía que lo mío no era físico, intuía que tampoco una maldición si nadie me lo ha dicho aun… Y aunque lo negase, en cierto modo que el verdadero problema era yo.

Al final llego Einon y entonces cilvira trato de hacer algo pero le ha salido el tiro por la culata al parecer, pues de un momento a otro parecía haber visto algo terrible, quizás mis sueños, podrá sonar rastrero de mi parte decirlo pero ver a alguien pasando mi misma penuria me daba una cierta sensación de… Felicidad y camadería… y bueno que me evitase como lo lepra ya sería un pequeño precio a pagar…

Dejando mis cínicos pensamientos de lado la pareja se fue a descansar en sus aposentos y yo seguí con mis jarras agradecido de su sincera preocupación, Einon me acompaño, me hablaba y miraba como si se mirase a sí mismo en un espejo.

Me conto toda esa mierda del código y del honor, de vivir en un propósito… Solo que esta vez no me sonaba a mierda, el lo había dicho “ya no era el mismo, había cambiado” no recuerdo mucho de la charla de taberna, hoy día o paso de muchas cosas o las olvido, pero lo que siguió cuando fuimos al templo del señor de la guerra aún perdura en mi memoria.

Sus palabras, Eran más pesadas que una maza, más férrea:

“Somos perro de la guerra, jack…”.

Lo sé, lo creo, lo era. ¿lo sigo siendo? Al final no me quedaba más que el acero… pero una hoja sin propósito solo era una baratija esperando oxidarse…

“Morimos por el oro, la fama y la gloria…”

¿Ese era mi propósito? Aunque suena idílico, me era vacuo, y se me antojaba insípido… ¿Para que las monedas? ¿Para que la fama y la gloria? Sentía que las había buscado, recordaba pero no el porqué y esa sensaciónes de incertidumbre se apoderaban de mí… Pero seguí escuchándole, pues aquello me sacaba un poco de mi malestar.

“Bajo el oro, Amargo es el acero…”

Dijo para mirar la estatua del señor de la guerra, también la mire. Tanta solemnidad no me sentaba incluso ahora pero… Me sentí cobijado por ella y por el señor a que en más de una ocasión le he rezado, no era mi predilecto pero si me había ayudado mucho en combate.

El caballero siguió hablando, sobre como lo había perdido todo, como su mentor lo había salvado.

Como este tomo lo que era una espada rota, la templo al honor y la enfrió en un barril de disciplina, le había dado una vida… una misión… Un propósito.

Hablo de mi herida, me congele un momento cuando señalo mi pecho, donde debía estar el corazón allí solo sentía frio uno que se ramificaba cual enredadera y se extendía a mi ser, me flagelaba, me hacía daño. Entendía mi sufrimiento y eso en cierto modo me daba alivio.

Y ahora en parte trataba de ayudarme a mí a lo mismo… a reforjarme, a templarme. Aquello era grato pero aun sentía ese miedo a dejar de ser lo que había sido, irónico que ya me siento roto y aun así trato de mantenerme unido incluso sin las piezas que siento… faltan…

Le di mi sincera opinión, aquello apenas había arañado mis dudas, pero le agradecía, su intención ese día me ha ayudado a ver algo.

No sé si caminemos algún en algún momento por la misma senda, pero sin duda le confiaría mi espalda, me había dado una duda, algo en que pensar aparte de mis males y pesadillas, por eso le estaría agradecido…

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