Tierras Desoladas
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Jack VII.

Hoy me reencontré como es habitual con Eileen, para un encargo… Pedirle un par de ropajes para la primavera ya que se acerca y como suele pasar con los nórdicos al volver a probar el invierno… Sufrimos cierta inclemencia del calor….

Después de disfrutar un vino y una charla placentera sobre el devenir de nuestras tareas más próximas e incursiones a largo plazo quedamos para ver la gran Tral de nuevo y prepararnos para las cosas que tocara enfrentar próximamente…

Partimos hacia la ciudad encontrando no pocos problemas, desde bandidos hasta hormigas sobredimensionadas que amenazaban con truncar nuestro viaje, allí se nos unió el “Novato” por un buen tramo del viaje…

No dijimos mucho, tampoco hablamos de más pero íbamos a un mismo destino el que conducía a puerta de Tral.

Llegando terminamos separándonos del explorador y procuramos buscar en sus tiendas algunos objetos y pertrechos para las aventuras…

No encontramos mucho de lo que buscamos, pero de allí me entere en pasatiempo de ella, el interpretar la música y darle forma a las melodías y cantos cual juglar…

Era todo un encanto verla emocionada, esperare el día de poder escuchar esas melodías…

Cuando tuvimos todos lo necesario para las aventuras seguimos avanzando hacia el camino y nos detuvimos a descansar en la posada y de ella al salir recibí un regalo, uno que me venía bien dado mi constante y habitual estilo de vida… Feliz y contento lo atesorare con bastante alegría…

Pensé que este día acabaría bien, sin pesadillas ni lamentos mientras encontraba algo que querer… Pero en cierto modo me equivoque.

Nos dispusimos a afrontar a los orcos asaltantes de camino y demás fauna de por allí, peleando y matando casi todo lo que se me pusiera en frente, iba bastante envalentonado gracias a la pelirroja así que fue un trabajo más fácil…

Luchamos en el Amberin para pulir nuestras habilidades contra criaturas mas agiles y taimadas, gatos, kobolds y arañas de diversos pero grandes tamaños con algún que otro molesto veneno….

El tiempo termino bien y me despedí de ella con una sonrisa al volver a Tral…

Una de las razones por las que este día lo recordare por siempre… y dejarla allí, por esos entonces llegaron Einon, que se retiro y Cilvira quien me ofreció un paseo por la ciudad, mirando cosas.

Hacía tiempo que no hablábamos pero mi condición actual en cierto modo había cambiado las cosas con esta vieja amiga… Seguimos hablando del día a día, le dije que había procedido igual que otros, pero era especialmente mejor, no era el hacer lo que lo mejoro si no el con quien.

Procedimos a salir de Tral en busca de llegar a galparan… rumbo a alguna aventura quizás o a buscar más objetos de utilidad…

Y allí, por el camino viejo en una de las indicaciones del puente estaba el…

Un demonio

El terror por alguna razón me embargo, mi cuerpo paso por una euforia negativa el frio y el sudor se contradecían y no podía quitarle los ojos de encima al Diablillo…

Las risas, el fuego, algo mirándome, podía sentirlo, viéndome, deleitándose…

no sabía lo que decían ni Cilvira ni el ajeno, pero cada vez que sentía que me hablaba, que me miraba, yo le disparaba una flecha y retrocedía, hasta dar con un árbol…

Llego el punto en que mi miedo venció mi fortaleza y mis manos temblaban a tal punto que los proyectiles fallaban…

Cuando apareció otro, un demonio blanco y se enzarzaron en combate, y yo presa de cierta locura y absoluto terror, dispare a ambos hasta que el de rojo murió y de el brotaron tentáculos, de un negro insidioso y terrible…

Al verlos me di la vuelta y corrí tan rápido como pude en algún momento llegue a las puertas de la ciudad y me detuve. Imágenes indescriptibles se superponían en mi visión…

Podía aun escuchar su risa, podía sentir la desesperación y ese calor abrazador…

Al poco llego la elfa, me dijo algo, no procesaba sus palabras, miraba a todos lados buscando… ¿Buscando qué? No lo sé, solo como si esperase con la resignación que algo apareciera, saltara o atacara….

Me fui, necesitaba algo para calmarme, camine al ganso más que apurado y empecé a beber. Jarra tras jarra, como si fuera agua y maldita sea, no funcionaba seguí tomando para tratar en vano de distraerme hasta que gaste la ultima moneda…

Mire a todos lados, aun me sentía sobrio, aterrado y resignado… Todo tomaba un tinte más oscuro a medida que pasaba el tiempo, no veía personas solo sombras.

Al llegar a la puerta misma de la ciudad: mire al cielo, aun podía sentir el calor abrazador, aun podía escuchar la risa, veía allí quizás ya producto de mi locura podía ver dos orbes rojos… Mirándome…

Corrí por la carretera vieja, tan lejos como pude, riendo en desesperación por esos oscuros parajes hasta que mi conciencia fallo…

Nunca olvidare el día en que aquellas respuestas que estaba evitando se asomaron a saludarme…

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