Tierras Desoladas
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Jack X.

Golpes. Uno tras otro, en rápidas sucesiones ante el oponente de madera, cortando el aire ante las sombras de mi imaginación, recibo uno, tomo otro, reparto más.

Limpio el sudor de mi frente esto era difícil, la armadura era pesada, el hacha de dos astas imposible. Pero no iba a rendirme, tenía que estar preparado no solo con cada cosa que falte.

Me consideraba su escudo, por eso debía estar bien templado y reforzado, me consideraba su espada, debía estar afilado. No había ya tiempo para compadecerse de uno mismo.

Recorrí los caminos con armadura más pesadas, los combates eran difíciles ya no podía contar con esquivar ni con la estabilidad que venía con la ligereza.

Un escudo pesado como mi determinación, una espada más férrea que mis pecados y una armadura firme como mi voluntad.

No era fácil, pero mis caminos nunca lo han sido, cada golpe era pesado, cada impacto, me hacía sentir el peso de mis indumentarias como tratando de empujarme al olvido.

Después de descansar en la taberna a las puestas del bosque no pude evitar pensar en aquello cuando había acontecido en los últimos días, parecía irónico, pero lo que se antojaba oscuro ya no era tanto.

Reuniéndome con Bedivere y compañía en Tral para Atender asuntos de la orden, mi trabajo era brindar apoyo moral al ser un contratado, mis deberes simples, mi presencia simbólica. Allí me encontré con él.

Había cambiado bastante, el mocoso que en algún momento estaba preguntándose del porque de su existencia en aquel bosque, en aquella posada, ya había encontrado sus respuestas, su camino.

La sombra blanca ya no era vacua, pensar que ese joven que preguntaba y constrastaba en su inentendimiento del mundo podía a verse vuelto seguro y resoluto.

Pensar que en algo ayude me dio una sensación de orgullo y algo de tristeza al pensar que ya no tenía nada para serle de mentor. Terminamos el asunto y volvimos al camino, me dijo de acompañarle, Teníamos que hablar.

Recordamos aquellos días cuando yo era otro, cuando él buscaba quien es, irónico que los papeles se invirtiesen, que el encontrara su norte y yo perdiera el mío.

“Nunca te fíes de nadie”

Le recordé tratando de apartar el pasado, aquello solo dolía, me miro y puso una sonrisa en su cara.

“no me fio de nadie, Jack, pero confió en ti”

Aquellos que escuchaba, sonaba como un sueño, yo era de todo menos digno de confianza.

“Después de todo te considero un hermano”.

Palabras pesadas que por alguna razón me llenaban de dicha, alegría y borraban de mi la incertidumbre sobre mi camino.

Hoy me di cuenta de que tenia mas, de que sin importar lo peligroso y oscuro del camino que recorra no estaría desamparado, ya no estaba solo pues tenía en mi haber un mejor amigo, un buen compañero, una sombra vigilante…. un hermano.

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